domingo, 3 de mayo de 2015

No quiero que seas, porque ya eres

Ni tú eres Tyler Durden ni yo soy Marla Singer,
pero somos los hijos malditos de la historia,
de la nuestra.

Quizás porque cada vez que follamos
Dios se encoge de hombros,
yo grito "dios mío" y él se lava las manos,
y al tercer orgasmo resucito.

Entonces tus besos de Judas anuncian mi crucifixión a los pies de tu cama.

Y yo sólo quiero que seas la pasión que me haga mártir,
el primer sorbo al café de un lunes por la mañana,
el último trozo de pizza de un sábado por la noche,
mi canción favorita sonando de improvisto en aleatorio,
el semáforo en rojo que siempre cruzo sin mirar,
la vela de la tarta de cumpleaños que no quiere apagarse,
un niño pequeño pidiendo un deseo a una mariposa blanca,
el diente de león que nadie se atreve a soplar,
la única amapola roja de un campo de margaritas blancas,
un polvo en un fotomatón después de esas fotos de película,
una conversación de madrugada más borrachos que vivos,
la calada al porro que siempre me hace toser y aún así doy otra,
los besos tiernos después de follar en el asiento trasero de tu coche,
las ganas de bailar en la azotea cuando ya hemos apagado las luces,
la risa absurda cuando no te puedes reír y te acabas riendo más fuerte,
las lágrimas cuando me desnudo de puertas para adentro y tú las cierras,
esa sensación extraña cuando pensamos que estamos en otra ciudad,
y yo sólo quiero llenar el pasaporte de lugares
en los que hemos perdido el miedo.

Quiero que seas el miedo,
la persona que me lo quita,
el monstruo de encima de la cama,
la melodía que siempre me calma.

Nunca he tenido fe,
pero has conseguido que vuelva a creer
en algo.

Quiero que no dejes de ser,
para que yo pueda seguir creyendo.
Quiero que seas la mejor mentira,
el primer y el último error.

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