martes, 23 de diciembre de 2014

Ojalá fueras una metáfora

He perdido a tantas personas por el camino
que lo que más me sorprende es no haberme ido
yo tras ellas, pero nunca fui de retenerles.
Supongo que soy de esas clase de personas
que prefieren abrazarse y clavarse sus propias espinas
antes de que venga otro y le llene la espalda de puñales.

Todo esto sólo para deciros que hay personas
de las cuales prefiero recibir veintitrés puñaladas
antes que una despedida, y que se queden mirando
cómo me desangro en el suelo y luego me pongan
veinticuatro tiritas y me den un beso en la frente, 
que son los que significan protección.

Os confieso que las distancias de seguridad nunca
se me dieron bien, que incluso prefiero estrellarme
antes que frenar a tiempo, porque nunca fui de contener
impulsos, quizás porque parar es dejar de tener miedo
y de todas las cosas que consigues hacerme sentir 
el miedo siempre será una de mis favoritas.

A ti en especial quiero decirte todo lo que no me atrevo,
que me muero si estás lejos y que quiero matarte 
si estás cerca. Deberías comprender que nadie
mejor que yo va a creerse sus propias quimeras.
El problema es que cuando duele tiendo a confundir
las ganas de irme con las ganas de quedarme.

A veces desearía escuchar un "eres mía" muy bajito
y al oído, como a mí me gusta que me digas todas
esas cosas tan bonitas que podrían ser mentira.
Y saber al instante si tengo ganas de salir corriendo
o de abrazarte mucho más fuerte, porque en ocasiones
quererte es lo más parecido a declararme a mí la guerra.

Te lo dije una vez, contigo he entregado todas mis armas,
porque a tu lado prefiero ser un mártir que un presidiario,
y a lo mejor esto tampoco sea cierto y mis ojos te mientan
a mis espaldas, mientras acaricias a un montón de rocas
en peligro de derrumbe, pero nunca fuiste de hacer caso
a las señales, y sin embargo, conviertes todo en simbólico.

Si fueras una metáfora ya estaría muerta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario